El invierno en nuestra región presenta un desafío doble: el frío seco del exterior y la calefacción sofocante del interior. Para que tus plantas no sufran, debemos ajustar sus rutinas.
El riego: Menos es más
Durante los meses fríos, el metabolismo de las plantas se ralentiza; entran en un estado de semi-reposo. Esto significa que procesan el agua mucho más lento. El error más común es seguir regando con la frecuencia del verano, lo que pudre las raíces casi de inmediato. Regla de oro: Meté el dedo en la tierra; si sentís humedad a 2 cm de profundidad, no riegues. En invierno, muchas plantas de interior solo necesitan agua cada 15 o 20 días.
El peligro de la calefacción
Vivimos en una provincia seca y las estufas eliminan la poca humedad ambiental que queda. Las puntas de las hojas marrones son el primer grito de auxilio. Para combatir esto:
- Agrupá tus plantas: Al estar juntas, crean un microclima de humedad.
- Platos con piedras: Poné un plato con leca y agua debajo de la maceta, pero sin que la base toque el agua directamente.
- Lejos de los radiadores: Nunca pongas una planta cerca de una fuente de calor directa.
Luz y limpieza
En invierno, los días son más cortos y el sol está más bajo. Acercá tus plantas a las ventanas (cuidado con el “efecto vidrio frío” por la noche). Además, es vital limpiar el polvo de las hojas con un paño húmedo. El polvo bloquea la poca luz que reciben, impidiendo una fotosíntesis eficiente. Una planta limpia es una planta que respira.
